Siempre me ha gustado Italia. Cada vez que pienso en ese país, mi corazon empieza a batir más fuerte y podría embarcar el primer avión y irme a cualquiera ciudad italiana, tomar un café italiano en algún bar y callejear por sus calles. Hay algo en ese idioma que se parece a una canción, en su chaos, pizzas, pastas y sus postres irresistible. Cuando pienso en Italia, de repente siento el olor a café, el café verdadero italiano incomparable a los demás. Simpre me ha gustado el café con mucha leche igual que ese latte macchiato que echo tanto de menos. Si menciono el…